Haz tu aporte en cualquiera de estos cuentos colaborativos

Esta es la lista con todos nuestos cuentos en construcción vigentes. Participa en el que quieras. También puedes leer nuestros cuentos finales.

Obra de Robert Motherwell

  • La calle tenebrosa es el título provisional de esta narración. ¡Participa e invita a tus amigos!
  • Invéntate una narración completa o el inicio de una a partir de esta fotografía de un entorno lluvioso.
  • Participa en esta trama inspirada en la mafia italiana. Cualquier cosa puede pasar todavía. ¡Haz tu colaboración!
  • “Rebecca” es el título provisional de esta historia. ¡Síguela e invita a tus amigos!
  • Sigue esta trama en la cual el protagonista se despierta en medio de una situación bastante preocupante.
  • Continúa esta historia que hasta ahora narra un día en la vida de un amante del surf.
  • Jonás y la gran ballena es el título provisional de esta historia. Puedes continuar o terminar el cuento.
  • Para este ejercicio puedes reencarnar en el personaje famoso que quieras y contarnos qué te pasa en sus zapatos.

Participa en esta historia sobre un personaje y su barca

Cuento en construcción

Sigue esta historia creada hasta el momento entre Valentina Solari y Cuento Colectivo. El ejercicio está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos. ¡Participa!

Es un hermoso día, el cielo está en su máximo esplendor y se refleja en la cristalina agua del lago. La veo con detenimiento, con amor. El pasar de los años se le empieza a notar, pero yo la veo más hermosa que nunca.  Mi Rebecca, fiel compañera, símbolo indeleble de mi soledad. Sin embargo, también de mi libertad.

Sumerjo mis pies en el agua y acaricio a Rebecca de forma suave. La empujo lejos de la orilla y me monto en ella. Entonces, comienzo a remar, a remar lejos, en donde no hay problemas. Un lugar que respira paz, un paraíso de tranquilidad…

La calle tenebrosa (título provisional)

Cuento en construcción

Sigue este punto de partida propuesto por Sebastián Bravo, uno de nuestros participantes. El ejercico está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos.

Miguel Ángel caminaba por la oscura calle con todos los sentidos en alerta. Su sesión de estudio en casa de Marla había concluido y , una vez más, había preferido arriesgar su suerte al caminar a altas horas de la noche por la oscura y angosta calle camino a su apartamento, que pagarle a un taxista…

Sigue esta trama en la cual el protagonista despierta en una situación bastante incómoda

Cuento en construcción

Este cuento ha sido realizado entre Maite Guzmán y la edición de Cuento Colectivo. El ejercicio está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos a la misma. ¡Participa!

Despertó y no sabía en dónde estaba, cómo había llegado hasta allí, ni tenía ningún tipo de recolección acerca de las últimas 24 horas. Sus manos estaban ensangrentadas. Dio media vuelta en la cama y encontró a una joven muerta, las sábanas estaban empapadas de sangre.

Desorientado miró a su alrededor. La pequeña habitación estaba sumida en caos: restos de comida regada en el suelo, botellas de cerveza y colillas de cigarros en la mesa de noche. Parecía el cuarto de un estudiante de secundaria. ¿Sería el cuarto de la chica? “¿Qué hora es?” se preguntó. “¿Habrá alguien más aquí?”.

Entonces, entre las sábanas encontró el cuchillo y entendió en el lío en que estaba metido. “¿La habré matado yo? Pensó horrorizado cuando vio su ropa tirada en un sofá cercano a la puerta. “¡Tengo que salir de aquí!” se dijo, pero mientras abría la manilla, cayó en cuenta de que todavía no le había visto el rostro a la chica. Un estupor sacudió su cuerpo en rechazo, no obstante, no lo podía evitar. Se dio vuelta y decidió ver bien a la víctima…

Continúa o termina la historia de Jonás y la ballena

Cuento en construcción

Tienes la opción de continuar o de terminar esta historia que ha sido creada hasta el momento entre Luis Iglesias, Maite Guzmán, Valentina Solari y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. Una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos.

Como todos los sábados, apenas pasado el mediodía, Jonás comenzó el ritual preparatorio para sumergirse en su paraíso particular. Se colocó su traje completo de buceo, verificó que el tanque de oxígeno funcionara correctamente, se colocó las antiparras con el ajuste preciso y necesario para evitar que el agua no se infiltrara dentro de ellas y minutos después se dejó caer en el mar. A partir de ese momento, comenzaba el tiempo de relajación, el espacio compartido sólo por él y su alma.

Mientras caía, sentía como dejaba toda su vida en la superficie. Se adentraba al mar como se adentraba en las profundidades de su ser. La percepción de la realidad era tan distinta, le sobraban unos sentidos y le faltaban otros, era la misma sensación de éxtasis profundo que lo embargó la primera vez que entró al océano, hace tanto tiempo ya. Pensaba, como siempre le ocurría.

Se fascinaba con la calma y el ritmo de las profundidades del mar, veía el transcurrir de la vida para sus habitantes, observaba los colores vivos. Trataba de desentrañar ese universo y, extrañamente, se sentía parte de él. Había una familiaridad que lo mantenía allí, un lazo que nunca pudo romper y que finalmente terminó por aceptar. Mientras estaba solo con sus pensamientos ante aquella inmensidad, por más que tratara el tiempo nunca le era suficiente

Estaba distraído mirando los colores de una manada de peces cuando de repente comenzó en su tórax una sensación extraña. Jonás se empezó a sentir un poco desorientado, era una especie de vibración en su cuerpo que nunca había sentido y que lo estaba haciendo perder la paciencia. Entonces volteó hacia la izquierda y la vio casi encima.

Se impresionó, en los primeros instantes, de no saber qué era lo que estaba viendo y, por reflejo, se separó de la criatura. Fue entonces que pudo mirarla mejor… era una gran ballena jorobada, que emitía su canto…

Invéntate una narración a partir de la fotografía

Cuento en construcción

Invéntate una narración completa o el inicio de una a partir de la fotografía que aparece en la entrada. Este ejercicio está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos. Haz clic en la imagen para agrandarla.

Sigue esta historia sobre la mafia italiana

Cuento en construcción

Sigue este punto de partida propuesto por un usuario de Cuento Colectivo que prefirió mantenerse en el anonimato. El ejercicio está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos.

Camino a la fiesta de cumpleaños número quince de su querida hija, Don Giovanny, jefe de la mafia siciliana, da órdenes a uno de sus súbditos por celular: “Ese juez Di Gennaro no sabe con quién se metió. Quiero que quede claro que somos intocables”…

El surfista (título provisional)

Cuento en construcción

Sigue este punto de partida propuesto por Lidia Beatriz, a partir de la fotografía. Una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos. ¡Participa!

Respiró de forma profunda. Aún soñaba con la ola de su vida. La ola de su vida… aquella de cresta infinita, la que formaría el tubo más acogedor, la de la espuma más blanca. Esa ola salvaje a la cual conseguiría acariciarle la barriga. Pero ninguna se le parecía. Ninguna lo zarandeó ni engulló ni arrastró como ella lo haría. Tantas otras le mojaron en su abrazo, tantas que ya no se sentía diferente a la sal, diluido en el inmenso mar, aunque pisara el asfalto.

No había alcanzado el sol el medio camino. La arena fina se colaba entre los dedos de sus pies ya mojados. Soplaba la brisa y le peinaba hacia un lado. Cerró los ojos y apretó la tabla. La ola de su vida… sus labios se curvaron en una discreta sonrisa. Más le valía tardar en llegar. Porque quería morir en ella. Sólo ella podría separarlo del mar…

Ángel de la suerte

Cuento final

Este cuento fue realizado entre Jairo Echeverri García, Sebastián Bravo, Virgilio Platt, Ninfa Benedetti, Mario Alfares, Valentina Solari y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. ¿Cómo te pareció el resultado?

Al parecer no era su día, las últimas dos manos habían sido catastróficas. Necesitaba hacer su movida ahora o desangraría de forma lenta. Esperó a que las dos cartas estuvieran sobre la mesa, antes de verlas. Entonces las abrió: ¡Par de aces! Ese último mes, Lucas había jugado más que nunca.

Lo que comenzó con una sesión cada dos semanas con amigos, en la casa de Bengie, se había tornado en una obsesión por las cartas. Ahora jugaba cada vez que podía. En esa ocasión, estaba jugando en la casa del primo de un amigo suyo llamado Ray, con el que hablaba en ocasiones. En realidad al único que conocía en el lugar era a Ray, a los demás no lo los había visto en su vida.

Hasta el momento, los demás jugadores le habían parecido bastante serios. Lucas había intentado aflojar el ambiente haciendo un par de comentarios graciosos, pero estos tipos parecían estar o muy concentrados en su juego o tal vez no tenían ningún sentido del humor. ¿Pero qué importaban en ese momento los demás jugadores asociales cuando tenía un par de aces en su poder?

Lucas dobló sus apuestas antes de que repartieran las tres primeras cartas comunes, el llamado flop. Para su sorpresa, cuatro personas en la mesa igualaron su apuesta. Al parecer había varios con posibles juegos interesantes, pero hasta ese momento, él tenía el mejor. En el flop salió otra A una K y una J.

Tenía ahora un trio de aces, sin embargo, existía la posibilidad de que alguien terminara con una escalera en las siguientes cartas. Por ese motivo, cuando fue su turno, Lucas triplicó las apuestas. El único que la igualó, era el personaje que más le inspiraba miedo a Lucas por su cara de bravucón.

Su nombre era Tulio Juárez. Hace unas semanas, como a esa misma hora, Tulio se encontraba sepultando un cadáver a las afueras de la ciudad que él mismo había asesinado con sus dos manos. A él era alguien que no le gustaba que lo pusieran en ridículo, ni mucho menos que lo timaran. Lo que sucedía, era que cuando Tulio consumía más cocaína de la cuenta, pensaba que todos los ridiculizaban o lo estaban engañando.

Ese día, sólo había consumido un gramo de coca, lo suficiente para poder jugar poker sin perder la consciencia. Sin embargo, dentro de poco podría inaugurar el segundo gramo, porque en esta mano estaba seguro que se lo llevaría todo. Él tenía un A y una K en su poder… es decir, dos pares hasta el momento. ¡Por supuesto que igualaría la apuesta de ese muchacho con cara de afeminado que había invitado el primo de su amigo Iván! ¡Ni loco iba a desperdiciar esa A K – 47 que le habían repartido! Entonces repartieron la siguiente carta. Otra K.

Ahora ambos jugadores tenían un “full house”, es decir, un trío más un par. Sin embargo el juego de Lucas era más fuerte, porque su trío era de aces. De todas formas, es muy difícil ganarle a un full house en poker y era por eso que Tulio se sentía inmortalizado. Antes de que repartieran la última carta, pidió permiso para una breve ida al baño y en ese instante ingirió lo que quedaba de la coca mientras hablaba consigo mismo frente al espejo: “El juego es tuyo Tulio. Tú eres el patrón aquí”.

Entonces volvió a la mesa, levantó su par de cartas para asegurarse que allí seguían, y dijo las palabras mágicas: “Apuesto todas mis fichas”. A Lucas no le tomó mucho tiempo pensarlo: “Apuesto todo también”. Ambos jugadores destaparon sus cartas. Cuando Tulio vio el juego de su contrincante no lo podía creer: “Maldito tramposo” dijo con rabia. “Sólo con trampa le puedes estar ganando a mi juego. ¿Qué hiciste? A ver, cuéntanos”. Tulio estaba a punto de desenfundar su Colt de 9mm y acabar con la vida del flaco timador que tenía en frente, pero de repente todo se comenzó a mover.

Las fichas se cayeron de la mesa, el candelabro de techo se comenzó a balancear de un lado a otro de forma violenta y la intensidad incrementaba, era un temblor de por lo menos 6 grados. Lucas se escondió al lado del sofá. Tulio, que nunca había vivido un temblor, salió corriendo fuera del apartamento. Todos los jugadores de la mesa se esparcieron.

Hubo desastres ese día en la ciudad debido al temblor. Tulio terminó herido de gravedad después de caerse al intentar bajar las escaleras del edificio. Ray, Lucas y los demás buscaron lugares dónde agacharse y esperar a que pasara el temblor y nada les sucedió, a parte de uno que otro rasguño. Esa noche Lucas llegó a su casa con la certeza de que nunca más volvería a jugar poker y se acostó a dormir sin tener la más remota idea de que si el terremoto hubiera sucedido 10 segundos después, sería un cadáver.

Continúa esta historia cuyo protagonista es un indígena llamado Joaquín

Cuento en construcción

Sigue esta historia que ha sido creada hasta el momento entre Alexander Triana, Diógenes Albeiro Rosado y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. El ejercicio está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos.

En la cuenca del río Andágueda, en el Choco, un indígena Emberá se monta en su barca y se dispone para navegar en un paraíso de incontables hazañas, en medio de una selva que funde la pasión de su historia y cultura, pero que es mancillado por la desigualdad social y la explotación de recursos naturales.

Aquí comienza la historia de Joaquín, un indígena más que recuerda lo que disfrutaba hacer en su tierra. Con nostalgia y pesar cuenta su vida en una fría casa del centro de Bogotá, donde fue a parar, desplazado por la violencia de su región y por los intereses de algunos. En las noches tiene más pesadillas que sueños y en ellas se refleja cada instante del día que tuvo que tomar sus ‘chiritos’ y agarrar vuelo sin saber para dónde coger.

Los pocos sueños agradables, son de cuando podía montarse en su canoa y adentrarse en la cuenca, donde se sentía protegido y en paz, donde podía pescar sin temor, donde el silencio de la selva le susurraba al oído y le coqueteaba para enamorarlo cada vez más de su tierra, su gente y su historia. Esa selva, natural y tranquila, había sido remplazada ahora con una de concreto, un mundo de motores, humo de gasolina, valores distorsionados y vida acelerada.

Era el final de la tarde y Joaquín contaba las ganancias hechas en el transcurso del día a través de su esfuerzo, al pedir limosnas en los buses de la ciudad. Entre billetes pequeños y monedas, contó un total de veinticinco mil pesos. El balance del día no había sido positivo, sin embargo, le alcanzaba para pagar su espacio por un día, y cubrir algunas necesidades…