Luces en el patio

Te invitamos a seguir esta narración que apenas comienza. Una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos. El que hay en el momento es provisional. Puedes hacer tu aporte en la zona de comentarios de esta entrada o escribiendo a comiteeditorial@cuentocolectivo.com.

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Cuando finalmente alcancé el resplandor, me di cuenta de lo tonto que había sido perseguirlo. Quedé estupefacto al ver la cantidad de luces que desplegaba aquel ser, aquella cosa que languidecía frente a mí, cayendo y desinflándose. Era extraordinariamente gigante, ni siquiera el carro de mi padre era tan grande. Mi casa no era tan grande. Sentí deseos de llamar a mamá y decirle que había caído una estrella en nuestro patio, pero estaba completamente hipnotizado por lo extraordinario que resultaba este evento. Además, yo ya era un hombre, había cumplido doce años hacía unos días y no tenía derecho a tener miedo, ya no más.

Cogí una piedra y traté de lanzarla sin llegar a atinar. Luego agarré un palo y me acerqué con lentitud, como mi perro lo hacía con las tortugas del vecino. Para cuando me di cuenta de mi error era demasiado tarde, estaba completamente rodeado y mi camino a casa había sido cortado. Mis ojos incapaces de reconocer más que simples sombras a causa del enorme resplandor tuvieron que ajustarse de a poco para poder distinguir las formas que me habían capturado tan fácilmente. Desearía que jamás se hubiesen adaptado…

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  1. Cuando finalmente alcancé el resplandor, me di cuenta de lo tonto que había sido perseguirlo. Quedé estupefacto al ver la cantidad de luces que desplegaba aquel ser, aquella cosa que languidecía frente a mí, cayendo y desinflándose. Era extraordinariamente gigante, ni siquiera el carro de mi padre era tan grande. Mi casa no era tan grande. Sentí deseos de llamar a mamá y decirle que había caído una estrella en nuestro patio, pero estaba completamente hipnotizado por lo extraordinario que resultaba este evento. Además, yo ya era un hombre, había cumplido doce años hacía unos días y no tenía derecho a tener miedo, ya no más.

    Cogí una piedra y traté de lanzarla sin llegar a atinar. Luego agarré un palo y me acerqué con lentitud, como mi perro lo hacía con las tortugas del vecino. Para cuando me di cuenta de mi error era demasiado tarde, estaba completamente rodeado y mi camino a casa había sido cortado. Mis ojos incapaces de reconocer más que simples sombras a causa del enorme resplandor tuvieron que ajustarse de a poco para poder distinguir las formas que me habían capturado tan fácilmente. Desearía que jamás se hubiesen adaptado a este lugar tan magestuoso. Aunque me habia causado espanto y miedo de pequeño, ahora me llenaba de curiosidad, sobre todo esa luz luz tan brillante, tan hermosa que me llenaba el cuerpo de calor y de una gran ansiedad. Luego de estar perplejo por fin desperte de tan grandioso sueño, por fin podía escapar de este lugar y llegar a mi casa donde me esperaba

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