Afeitada al ras

Te invitamos a seguir esta narración que apenas comienza. Una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos. El que hay en el momento es provisional. Puedes hacer tu aporte en la zona de comentarios de esta entrada o escribiendo a comiteeditorial@cuentocolectivo.com.

desollar

Salía corriendo como siempre a este encuentro laboral, actividades sin significado, falsos compromisos sociales para aumentar el rendimiento. No quiero asistir, no quiero ver a nadie, mi cubículo está más que bien, demasiada gente, me ahogo, me asfixio, me deshago inmerso entre tantos seres. No hay nada más cruel que apresurar a un hombre para que llegue a un lugar al que no quiere ir, y hoy voy muy pero muy tarde.

Traté de vestirme lo mejor que pude. En verdad, hice mi mayor esfuerzo. Entre maldiciones e improperios traté de hacerlo todo bien. “Actitud pasivo agresiva” dirán mis jefes. Ya veía sus sonrosados y gordos rostros satisfechos de creer haber descubierto algo. Para cuando me fui al espejo a afeitarme me vi peleando contra mí mismo. Sudando y enojado, parecía a punto de colapsar sobre mí mismo.

Suspiré tratando de calmar mi enojo. Remojé la cuchilla bajo el chorro de agua y la pasé por mi mejilla un par de veces antes de sentir ese dolor característico. Un hilo de sangre cayó al lavamanos y supe que era el fin. Pasé de nuevo la cuchilla con aún más ahínco y la herida se hizo más grande. La pasé de nuevo y así continué hasta que no tenía piel. Al darme cuenta de lo lento que era hacerlo con cuchilla fui a la cocina por un pela papas…

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