
Un barrio donde el humo esconde balas
En un viejo establecimiento en el barrio “Queens” de Nueva York era que el traficante de drogas conocido como “Threepac Hob-nobba” tenía su expendio ilegal, el más antiguo y conocido de la ciudad. Mientras estaba en el balcón del apartamento con los otros integrantes de su red, contando billetes y fumando hierba, se escucharon varios golpes duros en la puerta.
Enseguida Threepac se acercó a la puerta junto con dos de sus compañeros, sujetando los revólveres que tenían en sus cinturones para desenfundar si venía al caso.
—¿Quién es? —preguntó Clowny Mint Flava.
—Es George —dijo alguien.
—¿George? —preguntó Clowny Mint Flava.
—Sí, George, ábreme pana.
Al abrir la puerta entró George junto con dos acompañantes.
—¿Qué necesitaban? —preguntó Threepac—. ¿Y por qué demonios tocan en la puerta como si fueran los policías?
George respondió:
—Dame tres gramos de H… y relájate un poco, negro.
Mientras Threepac iba por la mercancía, Clowny Mint Flava y los demás esperaban en la sala.
Una vez terminada la compra, George dijo:
—También les tengo un mensaje de Winston.
—¿De quién? —preguntó Threepac con su tono agresivo usual.
—De Winston. Manda a decir que hay un nuevo jefe en la zona.
En ese momento George y sus amigos sacan sus armas y se forma un tiroteo en pleno apartamento que culminó con la muerte de Threepac y sus secuaces. Era cierto, había un nuevo jefe.
Samy y su visita final
Samy era un chico común y corriente de Nueva York. Acababa de entrar a la universidad y tenía muy planeada toda su vida. Su ideal era convertirse en un reconocido arquitecto de la ciudad.
Desde que estaba en la secundaria, Samy tenía la costumbre de fumar marihuana con sus amigos. Como el apartamento de Threepac estaba a unas cuadras de su casa, era ese el lugar donde compraba desde hace años. Y, a pesar de la mala apariencia del barrio, Samy ya se sentía como uno más de allí cuando iba a comprar lo suyo.
Golpeó en la puerta tres veces y George, del otro lado, preguntó…
—¿Quién es?
—Es Samy.
—¿Qué quieres?
—Lo usual —contestó.
Lo que ignoraban tanto Samy como George y sus amigos era que, por las escaleras, venía el escuadrón de venganza del difunto Threepac.
La balacera que se formó ese día no tenía precedentes en la ciudad. Los diarios lo llamaron:
“Martes sangriento. Guerra de drogas en Queens”, y fue a partir de allí que una serie de reestructuraciones se llevaron a cabo en las fuerzas policiacas, con el fin de tomar el control de la zona.
Casi nadie sobrevivió el enfrentamiento entre pandillas de ese día, ni siquiera Samy, quien por transgredir de forma “sutil” la línea entre legalidad e ilegalidad, terminó pagando por su hábito más caro de lo planeado.
¿Por qué escribir cuentos cortos sobre la violencia?
Historias como “Las sombras del humo” pertenecen al universo de los cuentos cortos sobre la violencia, una herramienta poderosa en la literatura para explorar realidades que muchas veces se ocultan bajo el silencio o la indiferencia. Este cuento, con tintes de cuento corto urbano, permite reflexionar sobre las consecuencias de vivir entre fronteras difusas, donde la violencia física, la violencia psicológica, o incluso la violencia contra la mujer, pueden manifestarse de formas cotidianas.
Además de ser un relato crudo y directo, este tipo de literatura sirve como espejo social. Muchos cuentos clásicos y obras contemporáneas de literatura infantil y juvenil han abordado temas como el abuso de poder, el maltrato infantil, la violencia familiar, los estereotipos de género y la necesidad urgente de relaciones igualitarias.
Proyectos como Jakhu Cuentos, editorial Kalandraka, Sushi Books, editorial Thule, Cuatro Tuercas, o premios como el Premio Fundación Cuatrogatos y el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil han trabajado por visibilizar este tipo de temáticas desde la infancia. También, iniciativas como el Día Mundial de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el Día Escolar de la Paz y la No Violencia, o campañas lideradas por organizaciones como Amnistía Internacional o la Organización Mundial de la Salud, se apoyan en materiales como estos para promover una educación basada en valores y derechos.
En el contexto escolar, estos cuentos cortos sobre la violencia pueden funcionar como herramientas educativas, favorecer los procesos de prevención, desarrollar la educación emocional y enriquecer el currículo con perspectiva de género. Incluso podrían formar parte de una guía gráfica para padres o docentes.
Hoy más que nunca, los cuentos para prevenir la violencia contra la mujer o el abuso infantil son necesarios en un mundo que sigue normalizando las normas perjudiciales y desigualdades de género. Leerlos, compartirlos, debatirlos y, sobre todo, no olvidarlos, es parte del camino hacia un futuro más justo.
Este cuento fue creado entre Enrique Castiblanco, María Renata Segura,
Armando José Gaviria y Cuento Colectivo.¿Cómo te pareció el resultado?








