La hice mía, aún sin tocarla

Invéntale un final a esta historia que ha sido escrita hasta el momento entre Héctor Cote, Marlene Arias y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. Una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos. El que hay en el momento es provisional.

chica linda

Hablé con una linda chica hace algún tiempo. Frágil como un gato, irascible como el viento. Esa chica en verdad me encantaba. Casi a diario con ella conversaba. Tenía pechos grandes y rostro agraciado. Sabía de mitología y relatos del pasado. Tenía una gran agudeza mental. Así como una disposición teatral.

Finalmente le dije que nos fuéramos a vivir juntos. Que yo me ocupaba de la vivienda y esos asuntos. Que ella viera por los servicios y la comida, mientras yo le leía todas las noches poesía. Alguno a tocar saxofón eventualmente aprendería y ella me mantendría respirando durante el día. Le dije que adoptáramos uno o quizá dos gatos. Que no la abandonaría a pesar de sus arrebatos

La conocí una noche en un café. Muy inteligente, risa descarada, cabellos ondulantes, boca acanalada. La amé desde el primer momento, y la hice mía, aún sin tocarla. Vivimos juntos muchos sueños y hablamos de tener hijos y nietos, pero ella se encolerizaba a veces y no dejaba siquiera que le hablara. Soporté muchas veces sus desplantes y lloraba por mi bella amante. Hoy esta presa de su mente, amarrada, sedada y dormida por ser colérica y por no…

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  1. La conocí una noche en un café. Bella, inteligente, risa descarada, cabellos ondulantes, boca acanalada. La amé desde el primer momento, y la hice mía, aún sin tocarla.
    Vivimos juntos muchos sueños y hablamos de tener hijos y nietos, pero ella se encolerizaba a veces y no dejaba siquiera que le hablara, era frágil como un gato, irascible como el viento.. Soporté muchas veces sus desplantes y lloraba. Lloraba por mi amante, mi bella, mi amada.
    Cuando al fin nos decidimos, nos mudamos a un cuartucho viejo, triste y melancólico, yo le escribía poesía y tocaba el saxofón, mientras ella danzaba al ritmo de la fantasía y la ilusión, fue un amor alucinado, insano, pero como lo prohibido, siempre es mejor, nos entregamos en cuerpo, alma, y deseo y no escuchamos nada,
    Con la alborada se fue su juventud, se puso pálida, y sus azules ojos se apagaron como se apagan las brasas en el agua, no entendí nada. Hoy la veo, conectada a una máquina, no habla, ya no dice nada, solo me queda su recuerdo, bellos recuerdos de cuanto la amaba,

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