Continúa esta historia sobre un personaje que piensa más de la cuenta antes de conciliar el sueño

Cuento en construcción

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Ya eran las 2 a.m. y Renato no lograba conciliar el sueño. A pesar de que debía despertarse en unas tres horas y media para ir a la universidad, no parecía lograr apagar su flujo de pensamientos. Intentó un par de veces poner en blanco su mente, pero era inútil, no lograba sostenerlo lo suficiente para caer dormido. Decidió seguir pensando y esperar a que el sueño lo cogiera desprevenido.

De un momento a otro, terminó pensando en la muerte, su peor miedo. En ese momento le pidió a su dios que le diera una larga vida a él y a su familia. No soportaba la idea de que algún día su madre tendría que morir. Él adoraba a su madre más que a nadie, pero sufría porque no le era fácil expresar ese amor. Darle un abrazo o decirle palabras cariñosas era más difícil de lo normal.

“¿Por qué seré así?” pensaba Renato. La mayoría de sus amigos parecía tener relaciones saludables con sus padres, o por lo menos no parecían tener ese problema. “Lo que es un hecho es que un día ni mi madre ni todos mis seres queridos estarán y que tengo que aprovecharlos mientras estén vivos”.

“¿Será que podré cambiar mi actitud?”, sólo imaginarlo le causaba una especie de vergüenza. Como si las muestras de cariño fueran una debilidad, o como si estuviera programado para aparentar lo contrario de lo que sentía…

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