Sigue este cuento sobre un fanático del surf y su siguiente ola

Cuento en construcción

Sigue esta historia que ha sido creada hasta el momento entre Lidia Beatriz, Sekas y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. El ejercicio está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos.

Respiró de forma profunda. Aún soñaba con la ola de su vida. La ola de su vida, aquella de cresta infinita, la que formaría el tubo más acogedor, la de la espuma más blanca. Esa ola salvaje a la cual conseguiría acariciarle la barriga. Pero ninguna se le parecía. Ninguna lo zarandeó ni engulló ni arrastró como ella lo haría. Tantas otras le mojaron en su abrazo, tantas que ya no se sentía diferente a la sal, diluido en el inmenso mar, aunque pisara el asfalto.

No había alcanzado el sol el medio camino. La arena fina se colaba entre los dedos de sus pies ya mojados. Soplaba la brisa y le peinaba hacia un lado. Cerró los ojos y apretó la tabla. La ola de su vida… sus labios se curvaron en una discreta sonrisa. Más le valía tardar en llegar. Porque quería morir en ella. Sólo ella podría separarlo del mar, separarlo por fin… después de tanto tiempo. Desde un punto de vista íntimo, no era tan descabellado como sonaba. El mar le había dado la vida, el gusto por vivir. ¿Por qué no terminar sus días en él? Morir viviendo, por eso era que la buscaba…

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  1. Se metió al agua con su tabla y comenzó a nadar. Agarró un par de buen olas y alcanzó a practicar varios de sus trucos preferidos. De repente una calma larga. Mientras esperaba, la vio empezándose a formar a la izquierda, por su experiencia, sabía que esta era una grande. Fue hasta donde ella… cuando estuvo lo suficiente cerca, dio media vuelta y comenzó a nadar junto con la ola. Era la fuerza más grande que había sentido y por poco no logra levantarse sobre sus piernas, pero lo logró.

    Una vez arriba, miró hacia atrás para ver la ola que estaba andando, era enorme, la más grande de su vida, entre 15 y 20 metros. Un pequeño miedo lo invadió, sabía que si se caía de su tabla, era muy probable que esa ola lo succionara para nunca más volver…

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