Sigue esta historia sobre el mundo de las reinas y los desfiles de moda

Cuento en construcción

Continúa este cuento que ha sido escrito hasta el momento entre Gladys Trujillo, Lidia Blanca Castro Hernando y Cuento Colectivo. El ejercicio está abierto de forma indefinida y una vez sepamos el final de la historia le inventaremos títulos a la misma.

Soñé toda mi vida con ser la Reina Nacional de Belleza. Desde que era muy pequeña, mis amigas y yo teníamos nuestro propio reinado, del cual, por supuesto, siempre salía victoriosa por mi figura, rostro y personalidad.

Lamentablemente, cuando el sueño se me convirtió realidad, no fue para nada la fantasía que había imaginado con mis compañeras. ¿Quién iba a pensar que detrás de esa apariencia perfecta se escondía un monstruo? ¿Quién iba a pensar de lo que es capaz un ser humano por un poco de vanidad y gloria?

Primero dejé de comer carne, luego legumbres y después sólo era una manzana y agua. Todo fue porque mi asesora me dijo “hay que bajarle a los tacos, porque… ¡Mira eso!” me decía mientras me palmeaba el vientre “Estás muy ancha”. En ese tiempo yo era talla 4.

Así fue que en lugar de ser una reina feliz, me convertí en la bruja que le dio la manzana a Blanca Nieves. Me volví  anoréxica por presión de los organizadores de desfiles y luego en bulímica por mi ira interior. Sentía que nadie me quería como antes y que nunca más me iban a querer.

Estaba desmoralizada y frustrada. Muchas veces pensé en el suicidio…

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  1. Sin embargo, con el apoyo de mi familia pude salir de esa situación. Estuve a punto de cumplir mi sueño de convertirme en la mujer más hermosa de mi país, de hecho, era la favorita de los periodistas y de la gente… la más opcionada para ganar.

    Dos días antes de la coronación, antes de dormir, me puse mi usual crema especial para la piel en el rostro. A media noche desperté de una pesadilla, sólo para caer en la cuenta de que mi rostro ardía. Fui al baño y tenía toda mi cara en carne viva.

    Todavía no se ha hallado al culpable o a la culpable. Pero yo estoy segura de saber quién fue. Desde el primer día noté su mirada de envidia y sus comentarios y actos venenosos. De todas formas esperaré los resultados de la investigación antes de hacer cualquier cosa. También esperaré los resultados del doctor, que un unos minutos me dará su diagnóstico.

    La verdad es que me duele como ningún dolor que hubiera sentido, y en el espejo se veía grave, pero tengo la esperanza de que sea una herida superficial…

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