Sebastián y la música (título provisional)

Cuento en construcción

Con aportes del tamaño que consideren pertinentes, continúen esta narración. La idea es que el cuento final tenga varios aportes de diferentes usuarios. La etapa de construcción de este cuento está abierto de manera indefinida.

Beethoven, Andy Warhol (1987)

Sebastián vivía en la calle 8, justo en frente de la Escuela Real de Música y Danza. Las piezas de Mozart, Beethoven, Bach, Tchaikovsky, etcétera, fueron prácticamente la banda sonora de su infancia y adolescencia. Un día, cuando tenía sólo cinco años, mientras se escuchaba a todo volumen la novena de Beethoven desde la escuela, Sebastián, quien seguía la composición con su cabeza y cuerpo, no se pudo contener más. Le insistió a su abuela para que lo llevara al lugar donde provenía esa música.

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  1. La abuela comprendió que debía hacerlo, que era el destino indicándole el camino. Entonces cogió su chaqueta, abrigó a Sebastián, tomó el manojo de llaves que estaba en la pecera al lado de la puerta y cerró la puerta.
    Sebastián estaba poseído, con los ojos fijos en la nada. No caminaba: flotaba. Estaba a merced de la música. La abuela le explicaba que esa música era universal, que no necesitaba de idiomas ni de traductores para hacerla llegar a todo el mundo.
    – ¿Cómo se hace para hablarle al Universo, abuela?- preguntó con curiosidad pero en su estado ensimismado de posesión musical.
    – Con mucha práctica, paciencia y amor, mi niño- contestó la abuela.- Esto es como aprender a hablar otro idioma pero en silencio, sin la boca ni las palabras, sólo con los sentimientos.
    – ¿Qué son los sentimientos, abuela?
    – Es lo que te pasó cuando escuchaste esa melodía y quisiste que te llevara a ella. Cuando lleguemos sabremos qué sentiste.
    -¿Sientes lo mismo que yo, abuela?- preguntó Sebastián cuando estaban por salir del edificio para cruzar la calle transitada por taxis, automóviles y motociclistas apresurados.-
    – Cuando lleguemos lo sabremos.
    Para Sebastián fue un camino tortuoso aunque apenas se dio cuenta de eso. A medida que caminaba hacia la fuente de su hechizo, sentía que sus pasos se volvían cada vez más etéreos, suaves, livianos. Como si caminara sobre copos de nubes, suaves y blanquecinos. El niño estaba maravillado, en trance. La abuela le contaba la historia de la melodía que le había gustado tanto a su nieto pero él ya no escuchaba… estaba perdido en la música, en su corazón.
    Cuando llegaron a la fuente del hechizo, Sebastián sonrió. Y su abuela comprendió qué tendría que contarles a los padres del niño cuando volvieran del trabajo y vieran a su hijo. Que ya no sería el mismo.

  2. Enseguida una de las profesoras del instituto se acercó sorprendida. “Hola… ¿En qué puedo ayudarlos?” dijo, sin quitarle la mirada de encima a Sebastián. La abuela de Sebastián le respondió “nosotros vivimos justo en frente, el muchacho tuvo el impulso incontrolable de saber de dónde provenía esta bella música, que si no me equivoco, es del gran Beethoven. “No se equivoca señora. ¿Dónde practicticaba antes el muchacho la danza?” le preguntó la instructora. “Cómo así, Sebastián nunca ha estado antes en clases de danza ni de música de ningún tipo” dijo la abuela. “No puede ser” dijo la profesora. Entonces se agachó y le preguntó a Sebastián “¿Dónde aprendiste esos movimientos Sebastián?”. Sebastián le dijo: “De ninguna parte señorita. Es sólo lo que siento cuando escucho esos sonidos. No se como explicarlo”. Enseguida la profesora preguntó “El curso para principiantes de danza contemporánea abre en un mes aproximadamente. Me encantaría que Sebastián pudiera asistir”. La abuela le dijo “Es es muy gentil de su parte señorita…”, “Madame Violet” le respondió ella. “Madame Violet, muchísimas gracias por la propuesta, pero estos últimos meses, años de hecho, han estado algo difíciles para todos en materia económica. No podemos darnos ese lujo”. Entonces Madame Violet respondió “pues el curso sí tiene un costo de 300 dólares al mes”. Madame Violet lo pensó un por un rato y después dijo “voy a ver qué puedo hacer al respecto, pero creo que con Sebastián podríamos hacer una excepción. Por favor, déjeme sus datos y yo me pondré en contacto con ustedes en unos días…

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