La vieja bicicleta (título provisional)

Cuento en construcción

Esto que inició como una propuesta de narración a partir de la imagen ahora tiene un punto de partida gracias al aporte de Patricia O. Te invitamos a que continúes la historia.

Foto tomada de www.thecoolhunter.net

Estaba cansado de su vida gris, de las responsabilidades infundadas, de las cadenas diarias y de la soledad. Necesitaba un respiro en su vida, nuevos bríos, renovadas ilusiones aunque resultaran locas. Pensaba esto frente al espejo, ya a punto de salir para el trabajo.  De repente se quitó el uniforme, se vistió de calle y sacó la vieja bicicleta llena de telarañas encerrada en el closet. Ya en la calle, comenzó a pedalear hasta perderse en caminos inventados mientras iba soltando lastres detrás de sí. Respiró el aire limpio y fresco de ese camino desconocido, se dio el gusto de manejar sin tomarse del manubrio y, extendiendo los brazos, empezó a imaginar colores vivos mientras miraba hacia el cielo con los ojos cerrados y una sonrisa nueva en la cara.

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  1. Entonces vino el golpe, le sobrevino la sorpresa ya sopesada pero olvidada por emoción del momento. Tuvo que romper ese viejo reencuentro desde hacía tiempo con el viejo amigo que era ese sentimiento, para dar paso al maleducado dolor en la rodilla. Pero este fue echado rápidamente, o al menos supo incluirlo bien en el momento con su profesionalidad, por la risa tonta que da al verse uno mismo desde fuera, al sentirse vivo de una vez por todas.

    Cuando se reincorporó de nuevo y prosiguió su marcha, le sobrevino el olor, el sentido de algo nostálgico de juventud. Lo atribuyó al reciente golpe, pero supo entonces de que se trataba cuando en su bici, como una bala, pasó por su lado la esencia personificada; una mujer de recuerdo.

    Supo entonces que hacer, y aceleró la marcha a pesar del esperado agotamiento y del dolor de lo no practicado, pero la punzada le convenció de que merecía la pena, que había poesía en el aire.

  2. Entonces abrió los ojos y agarró de nuevo el maniubro para darse cuenta de que estaba en el comienzo de una bajada empinada y a una velocidad relativamente alta. Intentó usar el freno, sin embargo, este parecía no reaccionar. “¿Y ahora qué?” pensó. Intentó buscar el mejor lugar dónde caer, pero era inutil, la velocidad ya era demasiada para planear la caída. Se lanzó hacía el lado derecho y se revolcó en el suelo varios segundos antes de estrellarse conta un árbol y quedar insconciente. Cuando despertó, estaba sólo, confundido y en la oscuridad…

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