Invéntale un título a esta historia de detectives y criminales

Cuento en construcción

Sólo le falta el título a este cuento escrito hasta el momento entre Antonia Rangel, Roberto Del Vecchyo, Nedda, Ricardo Monsalve, Virgilio Platt, Enrique Castiblanco y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. Tienes hasta este sábado 3 de marzo de 2012 para participar.

Foto tomada por Leonard Freed

Llegó demasiado tarde, ya no podía hacer nada por él, no pudo despedirse. Al salir de la casa entendió que él podía ser el próximo. Masticar sus recuerdos no era algo que fuera fortuito en su persona, todo lo contrario, el análisis metódico de las cosas, circunstancias y personajes que pasaban por su vida era parte inherente en él.

Todo comenzó en la escuela, donde los niños acostumbraban como forma rutinaria golpear o acribillar a sus compañeros más débiles con piedras o lo que tuvieran a la mano. Para sobrevivir, aprendió el lenguaje facial, aprendió a traducirlo, mejoró sus sentidos. Primero el oído, luego la nariz, hasta al final dejó los ojos.

Recordar aquello en esos momentos le parecía fútil, debía estar analizando el ambiente, los olores, ese cosquilleo que sentía en la piel. Sabía y sentía que tenía que estar buscando algo, pero eran demasiado pocas las pistas reales y tuvo poco tiempo para echar una ojeada antes de retirarse.

Sabía que no demoraría en llegar la policía y no tenía una explicación coherente para dar. ¿Le creerían que llegó hasta allí a causa de un presentimiento? Nada más podía guiarse por su intuición, más el método de razonamiento que perfeccionó durante su trabajo de detective privado con el propio Salinas, que ahora yacía muerto y solo en la vieja casona.

Pero, si Salinas estaba muerto, si Salinas era su mentor ¿Qué le podría pasar ahora a él? Si mataron a su maestro, seguro que es más sencillo matar al alumno. ¿Por qué matar a Salinas? Y más aún: ¿Por qué matar al alumno? Todos estos pensamientos rumiaban su mente. No había posibilidad de una muerte accidental o circunstancial, sabía que habían ido por su mentor y ahora sabía que venían por él.

Fue entonces cuando escuchó su teléfono celular sonar. Al parecer era su esposa, quien susurró “Tony, ayúdanos” y enseguida colgó. Tony se detuvo por un momento sin aliento, como si se le hubiera escapado el alma. Entonces comenzó a correr de forma frenética. Al correr, su mente no podía más que repasar los hechos.

Al mismo tiempo, una voz en el fondo de su cabeza le decía: “Es una trampa, son demasiadas casualidades. La muerte del maestro, la falta de tiempo para borrar la escena, la llamada”. Por una corazonada detuvo su andar. Era cierto, había muchas casualidades. ¿Era su esposa en realidad, o eso lo provocaron a pensar?

No estaba pensando claro. En esta ocasión se trataba de su familia, por lo tanto, sus emociones nublaban su juicio. De un momento a otro una van negra se parqueó justo a su lado y cuatro hombres se bajaron de la parte trasera. Dos hombres tuvieron sus brazos, mientras los otros dos le propinaban golpes en su estómago y rostro.

Los hombres lo tiraron en la parte trasera de la van, pusieron una bolsa negra de tela en su cabeza y al presionar contra su nariz un pañuelo empapado en una sustancia química, lo durmieron. Cuando  despertó, no sabía dónde estaba. Era una especie de bodega con algunas luces prendidas.

“Siempre supe que la debilidad de investigadores con delirio de héroe como tú es la familia” dijo una voz. Entonces la persona de la voz se puso en frente de Tony. Era un hombre de unos cuarenta años de edad, nunca en su vida lo había visto. “¿Sabes quién soy?” le preguntó. “¿Quién coño eres y qué quieres de mí? ¿Dónde está mi familia?” gritó Tony.

“Todo eso lo sabrás a su debido tiempo. Primero lo primero. Hace ya varios meses que tu difunto mentor… mis condolencias, por cierto… venía recabando información acerca de mis negocios” dijo el misterioso hombre antes de que Tony lo interrumpiera. “Imposible” dijo Tony “Salinas me informaba acerca de cada una de sus investigaciones y yo a ti no te conozco”.

“Allí está el asunto detective Gallardo. Salinas no quería que supieras acerca de esta investigación en específico, porque él sabía muy bien a quién se enfrentaba. No quería que un viejo asunto suyo, de esos que nunca te abandonan del todo, interfiriera en la vida de su pupilo. Sin embargo, las ironías de la vida hicieron que esa vieja deuda acabara con su vida, y posiblemente con la de su alumno estrella y toda su familia. ¿Cómo es que le llaman? Se me olvida. Creo que es, karma”.

“¿Qué quieres de mí? ¿Qué tengo que ver yo en esto?” preguntó Tony. “Nada, no tienes nada que ver en esto Gallardo. La verdad es que la vieja deuda causada por viejos vicios de tu mentor no tiene nada que ver contigo. De hecho, el mismo Salinas había saldado la deuda inicial. Sin embargo, no era suficiente. Yo cobraría intereses sobre la deuda del 50% y cuando se rehusó y quiso interferir en mis asuntos, pues… ya todos sabemos lo que pasó. Entonces serás tú el que pagará los intereses. Es decir: un total de 5 millones de dólares”.

“Púdrete maldito” contestó Gallardo “no te daré ni un centavo de mi dinero”. “Entonces creo que tendremos que comenzar con la sesión de terror. Tal vez le quite un dedo a tu amado Salvador” dijo el hombre. “Salvador y Marina están a salvos. Sé que no los tienes y antes de caer inconsciente, les notifiqué desde mi celular que fueran a un lugar seguro. A mí no me engañas perdedor. Ahora sí, a punto de morir, puedo ver con más claridad” dijo Tony.

“Impresionante, sin duda impresionante. Supongo que no tenemos más de qué hablar, porque veo que no eres de los que cede fácil frente al dolor físico” dijo el hombre. “Impresionante, sin duda impresionante”, contestó Tony en tono de burla. “Hasta nunca entonces detective Gallardo. Creo que la conclusión de todo esto es una: en la vida real no siempre hay finales felices. Dulces sueños”.

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