Hasta los cigarros de la mesita de centro

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Era una noche fría y lluviosa, de esas noches en que solo se quiere estar en casa, ver una película y comer palomitas con una buena compañía. Pero a cambio, me encontraba manejando, en medio de la nada en una calle conocida para mí, pero al mismo tiempo, triste y cruel, que si bien me llevaba a alguna parte, también me traía tan crueles recuerdos. Trataba de encontrarme a mí misma, de entender por qué tomó esa actitud, por que no entendió mis razones y por qué me dejó es esta situación tan triste, llevándose todo y dejándome perdida en esta soledad, recordando su perfume, su aliento, y sus cabellos desordenados.

Por qué se fue y me dejó en esta incertidumbre tan terrible, haciéndome sentir como la bruja mala del cuento, como si los años que vivimos no contaran. Nunca quiso que tuviéramos un hijo, ni siquiera una mascota. Siempre que yo tocaba el tema me decía:” ya tendremos tiempo para eso”. Se llevó todo, los recuerdos, el piano donde tocábamos nuestra canción favorita, la guitarra y hasta los cigarros que siempre guardábamos en la mesita de centro. Desde ese día, hace exactamente 3 años, vengo para esta época, a recordarlo y a exorcizar mis recuerdos, a tratar de empezar de nuevo, porque fue en esta lúgubre calle que me abandonó.

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  1. Y si, empiezo de nuevo esta terrible tortura que no me deja vivir el presente como yo quisiera, sino que cada vez me arrastra más a ese pasado, que me consume hasta los huesos y me hace tanto daño, trayendo nuevamente hasta mí, los fantasmas del deseo y la pasión desenfrenada que vivimos, cuando nos amamos con locura infinita, y nos entrelazamos en un desbordante río de pasión y sensualidad, donde vivimos nuestro idilio sin miedos ni remordimiento , entregándonos al pecado y la lujuria . No puedo dejar de sentir tanta rabia y dolor, al contemplar mi miseria.
    Lentamente la sangre sale de mis muñecas, estoy sintiendo una tranquilidad extraña, pero deliciosa, afuera los carros pasan muy despacio, como queriendo saber que me pasa, sigue lloviendo. Yo siento que la muerte está llegando a mí, sin prisa, pero sin pausa, mi hora está cerca, escucho murmullos, pasos, ruidos y gente que se va acercando,
    En un momento de lucidez, escucho su voz: pobre mujer, quien sabe, por que tomó esta decisión, y siguió con sus hijas, su esposa y su perro, como si no me conociera, como si lo que vivimos, solo hubiera sido mi sueño, y no algo hermoso, de dos personas que se amaron con locura.
    .
    está muy mal, no hay nada que hacer, dicen. Yo los escucho con un dejo de tranquilidad. Ya estoy descansada, me he quitado tantos miedos. Soy libre solo puedo decir, Adiós amante mío, adiós

  2. Era una noche fría y lluviosa, de esas noches en que solo se quiere estar en casa, ver una película y comer palomitas con una buena compañía. Pero a cambio, me encontraba manejando, en medio de la nada, en una calle conocida para mí, pero al mismo tiempo, triste y cruel, que si bien me llevaba a alguna parte, también me traía tan crueles recuerdos. Trataba de encontrarme a mí misma, de entender por qué tomó esa actitud, porque no entendió mis razones y por qué me dejó en esta situación tan triste, llevándose todo y dejándome perdida en esta soledad, recordando su perfume, su aliento, y sus cabellos desordenados.

    Por qué se fue y me dejó en esta incertidumbre tan terrible, haciéndome sentir como la bruja mala del cuento, como si los años que vivimos no contaran. Nunca quiso que tuviéramos un hijo, ni siquiera una mascota. Siempre que yo tocaba el tema me decía: ” ya tendremos tiempo para eso”. Se llevó todo, los recuerdos, el piano donde tocábamos nuestra canción favorita, la guitarra y hasta los cigarros que siempre guardábamos en la mesita de centro. Desde ese día, hace exactamente 3 años, vengo para esta época, a recordarlo y a exorcizar mis recuerdos, a tratar de empezar de nuevo, porque fue en esta lúgubre calle que me abandonó.

    Y si, empiezo de nuevo esta terrible tortura que no me deja vivir el presente como yo quisiera, sino que cada vez me arrastra más a ese pasado, que me consume hasta los huesos y me hace tanto daño, trayendo nuevamente hasta mí, los fantasmas del deseo y la pasión desenfrenada que vivimos, cuando nos amamos con locura infinita, y nos entrelazamos en un desbordante río de pasión y sensualidad, donde vivimos nuestro idilio sin miedos ni remordimiento, entregándonos al pecado y la lujuria. No puedo dejar de sentir tanta rabia y dolor, al contemplar mi miseria actual.

    Yo, aquí sola, en este auto, en esta triste y oscura calle, tomando la peor decisión de mi vida, me contemplo, y veo, como lentamente se me va la vida. La sangre sale de mis muñecas, ya no siento rabia, no siento dolor, siento una extraña, pero tranquila y deliciosa agonía, siento el olor de la muerte.

    Afuera los carros pasan muy despacio, como queriendo saber que ocurre aquí, sigue lloviendo. Yo siento que la muerte está llegando a mí, sin prisa, como tomándose su tiempo, como si disfrutara cada instante. Creo que mi hora ha llegado. Escucho murmullos, voces, una sirena lejana, que pareciera, viene en cámara lenta, y percibo cuando los curiosos crean conjeturas sobre lo que me sucedió.

    En un momento de lucidez,…o de la más grande locura quizá, lo escucho, si, es su voz, es el!!! , el hombre por el cual estoy aquí y por el cual prefiero irme de este mundo sin dejar pena ni gloria: “pobre mujer, quien sabe, por que tomó esta decisión,” y siguió con sus dos hijas, su esposa y su perro, como si no me conociera, como si lo que vivimos, solo hubiera sido mi sueño, y no algo hermoso, de dos personas que se amaron con locura. Yo los escucho con un dejo de tranquilidad. Ya estoy descansada, me he quitado tantos miedos. Soy libre solo puedo decir, Adiós amor mío, adiós.

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