Entre la vida y la muerte por el superclásico Real Madrid- FC Barcelona

Cuento en construcción

Regla: Con aportes del tamaño que consideren pertinentes, terminemos esta historia

Foto por americanistadechiapas en Flickr

Mientras Pedro salía del estadio Santiago Bernabeu ese 27 de abril de 2011, después de haber presenciado el superclásico de fútbol entre el Real Madrid y el FC Barcelona por la semifinal de la Champions League, veía la pantalla de su celular que timbraba y el nombre de Sandro, la persona que estaba llamando. Pedro sabía muy bien que era lo que Sandro quería y por ese mismo motivo no quería contestar.

Una semana antes, Pedro, hincha del Real a morir, estaba en el Casino Emperador viendo el mismo superclásico, pero por la final de la Copa del Rey. Pedro era un cliente habitual del casino, y mientras veía el partido tensionado porque el Barca dominaba la segunda mitad, ordenaba su cuarta cerveza. “¡Maldita sea reaccionen!” gritó Pedro al ver la pasividad de su equipo. En ese momento, Sandro, quien era hincha del FC Barcelona y uno de los socios del casino, con quien Pedro había cruzado algunas palabras casuales más de una vez, le dijo en tono de burla: “Los veo mal Pedro, como que van para abajo amigo”, “ya veremos” le respondió Pedro.

Cuando Pedro vio el gol de cabeza de Cristiano Ronaldo, el goleador de su equipo, en tiempo de reposición, saltó de su silla. “Gooooool, gol, gol, gol, gol” decía y se le puso en la cara a Sandro “¿Qué decías amigo?” le dijo en tono de burla desquitándose. Sandro estaba rojo de la ira, pero no permitió que sus impulsos estropearan su lado amable. “Todavía no se ha terminado” dijo Sandro. Pedro continuaba celebrando.

Cuando terminó el partido, ya Pedro con su quinta cerveza encima dijo “Hala Madrid, mejor equipo del mundo entero”. “Está bien Pedrito, también se tienen golpes de suerte, nos vemos la próxima semana en la Champions” dijo Sandro. “¡Ja! Que ni se presenten mejor porque los vamos a humillar” dijo Pedro. “Por qué no lo ponemos más interesante, 10 mil dólares para la persona cuyo equipo gane el próximo partido” propuso Sandro. Pedro, feliz por la reciente victoria de su equipo y con el licor en la sangre dijo “¿10 mil dolaritos? El Real gana ese partido porque lo gana. Te apuesto mi casa, mi sueldo hasta mi esposa cabrón” dijo confiado, además por el hecho de que el partido lo jugaba el Real Madrid en casa. “Hecho” dijo Sandro y se estrecharon las manos.

Una semana después estaba Pedro en el estadio Santiago Bernabeu con su esposa e hijo. Tenía puesta la camiseta blanca de su equipo con el número 7 en la parte de atrás. Antes de que comenzara el partido le susurró a su esposa en el oído “nos haremos ricos hoy bebé, ya verás”. Al terminar el primer tiempo Pedro estaba preocupado, las cosas no estaban saliendo como las había imaginado. La supuesta fórmula mágica anti Barca del entrenador del Real Madrid, José Mourinho, no estaba dando resultados.

Cuando Pedro vio el primer gol de la estrella argentina del FC Barcelona, Lionel Messi, su corazón se detuvo por un momento. “No puede ser” pensó “maldito Messi, maldito Pep desgraciado, infeliz, me cago en tus muertos Guardiola”. “Todavía se puede empatar, el Real tiene con qué”. Al ver el segundo gol de Messi, Pedro se quedó inmóvil  en su silla y sólo se le pasaban por la cabeza imágenes de las películas gringas “El padrino, Casino y Goodfellas”. Faltando tres minutos para que se terminara el encuentro, Pedro se levantó de su silla sin su esposa ni su hijo y comenzó a salir del estadio con un paso acelerado. Cinco minutos después escuchó el timbre de su celular…

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  1. Todo por una pelota, pensó. Loco casi de remate, pulverizó el celular contra la una pared cercana. Mientras, en imagen se mostraba en un pantallazo, un hombre del futuro, con extrañas vestimentas y un aparato que calzaba justo en su mano de horchata, siendo devorado por el mejor león del emperador en aquella antigua película de “Metro Golden Meyer”, hoy en 3d y que disfrutaba Messi en su cómoda sala de estar

  2. lo miró. Dejó que el sonido retumbara en sus oídos e inició una lucha maratónica entre su amor y su vida. prefirió lo primero y se abalanzó sobre sus pasos. A la vida hay que hacerle frente o ella da botes contigo, igual que ese gol de último minuto. Agarró a su esposa y a su hijo mientras el auto negro que los seguía daba a todas luces una persecusión sin retorno, como animales al sacrificio esgrimió una sonrisa e hizo frente a lo que se le venía encima. – nADA – dijo. – nADA.
    Todo por una pelota, pensó. Mientras, en imagen se mostraba en un pantallazo, un hombre del futuro, con extrañas vestimentas y un aparato que calzaba justo en su mano de horchata, siendo devorado por el mejor león del emperador en aquella antigua película de “Metro Golden Meyer”, hoY, remasterizada, en 3d y que disfrutaba Messi en su cómoda sala de estar

  3. Pedro no contestó el celular. Siguió caminando en dirección al parqueadero del estadio, en donde estaba su carro. Un mensaje le llegó a su celular. Lo abrió y leyó el mensaje de parte de Sandro “ni lo pienses amigo, no cometas suicidio, porque eso es lo que están haciendo, suicidándote”. Pedro aceleró el paso. Cuando llegó a su carro y encendió el motor, el carro voló en pedazos. Mientras Pedro ardía en llamas dentro del carro tenía todavía el celular en la mano funcionando, a punto de dañarse del todo por el fuego pero con el mensaje “te lo dije amigo, Visca el Barca”.

  4. Pedro contesto. Sandro le dijo “que tal esa victoria Pedrito, creo que estás endeudado hasta el cuello conmigo mi hermano. ¿Vamos a hacer esto a las buenas o de qué forma? “Como así Sandro, la apuesta era que si alguno de nuestros equipos ganaba la Champions el perdedor le pagaba al otra la respectiva deuda. Que yo sepa nadie es ganador de la Copa aún Sandro” dijo Pedro. “¡Ja. Igual de sucio que los de tu equipo de fútubol. ¡Que sorpresa! Al parecer será a las malas entonces Pedrito. No me das otra opción”. Pedro tiró el celular contra el suelo y corrió al taxi más cercano. “Lleveme al aeropuerto señor”. Mientras el taxi esperaba el semáforo un auto clásico negro se detuvo justo al lado del taxi a esperar también. Salieron, como en la escena en El Padrino cuando matan a “Sonny” muchos hombres del auto con ametralladoras. Llenaron de agujeros al taxi y a Pedro mientras gritaban “Hala mierda. Vizca Barca”.

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