El cálido abrazo de los rayos del sol

Te invitamos a continuar esta historia que apenas comienza. ¡Participa e invita a tu red! Hasta el momento, el texto ha sido escrito entre Sandro Vergara y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. El título que hay en el momento es provisional y se lo inventaremos una vez sepamos el final de la historia.

ciego

Yuma ya había caminado dos mil setecientos cuarenta y un pasos desde la casa de su amigo Renzo, con su bastón. Aunque el sol brillaba, la temperatura era bastante baja y Yuma estaba ansioso por llegar a su apartamento. En una de las esquinas, sintió el calor de los rayos del sol. La sensación era intensa, estos rayos, que se colaban entre dos rascacielos, eran los más potentes que había sentido en toda su larga vida. Buscó con su bastón el desnivel en la calle, los carros pasaban cerca, pero los escuchaba a una distancia segura. Se sentó en la acera… este lugar era confortable.

El cálido abrazo de los rayos del sol lo compulsaba a permanecer ahí. Los carros pasaban cerca, peatones caminaban, conversaban entre ellos.

“Hola, señor… ¿se encuentra bien?”, preguntó un transeúnte, al que llamó la atención la escena, desde lejos. “¿Necesita ayuda? ¿Tiene adonde ir?”

“Muchas gracias por la preocupación, hijo, tienes un buen corazón, pero no necesito ayuda. Donde estoy, estoy perfecto”…

One Comment

on “El cálido abrazo de los rayos del sol
One Comment on “El cálido abrazo de los rayos del sol
  1. ..pues el sol ha empezado a venir a amarme por unos minutos.

    De repente mi mirada , queda absolutamente deslumbrada.

    Ciega de luz, atravesada por Él, por los ojos, por la boca.
    por los estigmas poetas de las manos.

    Me asciende más allá del firmamento transeunte
    hasta prenderme a su ardiente elemento.

    Algo más que insolación pura y simple ardientemente.

    Pura convulsión de quemadura
    temblando como llama al contacto de su piel entera.

    Al tiempo incandescente.

    Ha cambiado mi nombre de Paz por el de Aura.
    Así sé sin palabras, cuando va a inundarme de Anunciación.

    Luego, me desciende a un estado onírico del olvido
    para que nuevamente no llore su distancia..

    … sobre el párpado urbano del sueño anochecido.

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