Cómplice autor de mis memorias

Cuento en construcción

Este cuento fue un aporte hecho por Isabel Vergara para este ejercicio cuyo objetivo era inventar una narración a partir de la imagen del árbol. ¿Clasifica este cuento o no como cuento final? Danos tu opinión.

Foto de Brittany G

Eran las diez de la mañana. ¿En qué piensas? Me dice  él con mirada curiosa, yo sin poder responder su pregunta me levanto de la cama y entre las cortinas, miro hacia mi patio por mi ventana. Recuerdos perdidos… él, de la misma forma, se levanta y me sigue, se para a mi lado y me dice señalando hacia el árbol: “Mira, es realmente bello”. Yo sólo afirmo con una sonrisa, más que todo fingida.

Permanecemos en silencio por un largo tiempo, simplemente nos limitamos a observar ese árbol, su forma  hermosa y misteriosa. Fue después de ese momento de silencio que nuestras miradas se  encontraron,  él me besa, yo también lo beso. Con pasión nos envolvimos y nos encontrábamos una vez más en mi cama.

Tan sólo las doce y no se escuchan voces, sólo sonidos finos, gemidos del goce. “Mira, apenas son las doce” digo yo, y yo misma me respondo, “nos lo merecemos”. “Deberías dormir ya” me dice. “¡No quiero! No hoy, o por lo menos, no ahora. Estamos juntos, algo de verdad difícil, no pienses en nada más”.

Una vez más nos dejamos llevar, la ansiedad de tener su cuerpo, de que quedara algún recuerdo porque yo siempre supe que sería la última vez que nos veríamos, siempre lo supe. Para cerrar la noche con broche de oro nos susurrábamos cuanto nos queríamos, antes de dejarnos llevar por el sueño, que ya era notorio en sus ojeras y en mi cuerpo. “Descansa”, recuerdo haberle dicho y ahí me quedé, tendida, pensando en qué sería de nosotros al salir el viejo sol.

Eran ya las cinco de la tarde… hasta aquí llegamos los dos. Me levanto, me baño y me voy, él también se va. Miro por mi ventana y ahí esta, el árbol, el que se convirtió en cómplice de mis recuerdos que aún siguen vivos, a pesar de la distancia y soledad con la que tengo que vivir.

Mi sueño despierta a través del árbol, imaginando lo que fue, su sonrisa, sus ojos… y aquí me encuentro yo en un círculo vicioso entre mi imaginación y la realidad, un sueño vivo. ¿Hace cuánto fue? No lo sé. ¿Qué paso? No lo recuerdo, sólo sé que el árbol que hoy recuerdo en mi vejez, me acompañó, y se que en mi lecho de muerte lo recodare.

4 Comments

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4 Comments on “Cómplice autor de mis memorias
  1. Nadie sospecha que llevan las olas del pensamiento, nadie imagina cuantas dagas punzan el corazon de al lado, pues el, lejano y desentendido tambien recuerda ese viejo arbol y ese viejo nido, aquel sucio colchon, aquellos besos nocturnos, aquellos roces prestados.
    Hay quienes debajo de los puentes le oyen pronunciar tristes palabras, hay quienes cuentan que sobre las playas el triste y envejecido dice:
    ¨Esta la tarde triste compartiendo mi tristeza, la soledad entona su mejor tonada, un viento afónico y casi inexpresivo transita por la habitación mientras el humo del cigarro lleva en su vientre el miasma de mis regocijos.
    Son horas que llevan a paredes tersas, a recintos enlutados. Te amo y pienso tanto como ayer… hace falta tu presencia cuando coquetas se desnudan las rosas, ¿en dónde estás mi frágil y pequeña dama?
    Deja que te dedique un sueño, y bajo el manto de la oscuridad con la incertidumbre en los poros, sobrevuela la realidad sobre la faz intensa de la tierra.
    Corres y corres y llegas al mismo punto, alucina tu memoria abrazando a la decepción ¿acaso pueden encadenar nuestras mentes o reducir nuestro amor a ser esclavo de la historia?
    Ángeles oscuros que juegan con las almas silencian nuestras voces y humedecen nuestros ojos. Amores que se elevan como el humo a la lejanía y vaguedad de una constelación imprecisa.
    Son brisas que se impregnan de mensajes, Muere el amor bajo el olvido, clava el dolor sus afiladas garras sobre la debilidad de mis venas ¿Puedes servirme un café? procuro enamorarte mientras le bailo a la luna; enmudece tu silencio y déjame caer tus besos sobre la sucia alfombra de mis labios.
    La ira con insomnio levanta pensamientos y una sed de venganza. Aquí estoy queriendo estar muerto, puestos mis pies sobre el conocimiento esencial; Olvidemos las promesas hacia dios y deambulemos como errantes muertos.

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