Atrapado en el purgatorio

Invéntale un título a esta historia que ha sido escrita hasta el momento entre Sandro Vergara, Marlene Arias y la edición del Comité editorial de Cuento Colectivo. El que hay en el momento es provisional. Participa en la zona de comentarios de esta entrada.

pozo iniciatico

Al llegar al pozo, comprobó que era mucho más de lo que había imaginado. El aroma de piedras y pasto, más el aire denso del lugar eran solo algunos de los elementos que las fotografías que había visto no podrían capturar. Desde que era muy joven, siempre lo había querido conocer. Lo había visto por primera vez en el álbum de fotos de expediciones de su abuelo. Sin embargo, su abuelo nunca tuvo la oportunidad de contarle los detalles acerca del lugar.

Él tampoco era que fuera muy fanático de investigar con profundidad todos los lugares a los que viajaba. Llegó hasta la parte inferior del pozo, en donde había en mármol una rosa de los vientos sobre una cruz templaria. “El pozo iniciático”, por lo menos el nombre sí lo sabía. ¿Por qué le llamaban así? No tenía idea y dudaba que fuera un dato trascendental en su aventura.

Miró hacia arriba y vio la luz al final del oscuro pozo. Le parecía extraño que, por algún motivo, el final del pozo se veía mucho más lejos de lo que había bajado. Una ilusión óptica, de seguro. Empezó a subir las escaleras, veinte minutos pasaron en el ascenso y nada que llegaba al inicio. ¿Era una ilusión óptica, o una ilusión de otra índole? Tenía el corazón acelerado y las piernas le dolían por la larga subida y pobre estado físico. Estaba seguro de que el descenso le había tomado al menos cinco minutos, algo extraño tenía que estar sucediendo.

Siguió subiendo varios minutos más. Gotas de sudor bajaban por su rostro. Decidió sentarse en las escaleras y descansar por unos minutos. Al recuperar su aliento, se levantó de las escaleras y miró cuánto más le faltaba para llegar a la cima, desde donde había ingresado.

Vio que era mucho, se desanimó y sintió angustia, ganas de llorar. Es decir… sintió miedo. De pronto, escuchó que del fondo del oscuro pozo lo llamaban. Miró, pero no vio nada, y por una extraña razón, se quedó mirando fijamente el fondo de este pozo oscuro. Entonces vio una especie de remolino que se movía más rápido cada vez, se sintió mareado y estaba a punto de caer, cuando observó un movimiento diferente.

Eran personas, mujeres, hombres, niños que iban y venían. Se sintió mareado y de pronto se cayó al túnel oscuro y hasta ahora misterioso. A medida que caía, sentía que flotaba, estaba consciente, tranquilo. El miedo y el dolor desaparecieron. En ese momento se abrió para él un mundo soñado. Había mucha luz, era hermoso. “Estoy en el cielo”, pensó.

Se encontró en un inmenso salón donde todos estaban exquisitamente vestidos, elegantes, impecables y danzaban al ritmo de la música. Estaba muy confundido, por que sabía que no era un sueño, ¿pero era acaso la realidad? ¿era el paraíso, el cielo, el infierno? ¿había vuelto al pasado o ,al contrario, era una escena del futuro? Estaba desubicado y confundido, escuchó un perro que ladraba y unos niños que jugaban y cantaban, lo cual lo hizo volver a su realidad. Lo miraban, se reían y volvían a mirarlo con su mirada picara.

¿Donde estoy? preguntó. “Estás en el purgatorio”, le respondió alguien. Trató de ver quién, pero solo veía siluetas borrosas ahora. “¿He muerto?”. “Así es, hermano. Has muerto, más sin embargo, dejas muchas cosas inconclusas sobre la tierra. Solo una vez se hayan resuelto esos asuntos, por ellos mismos o el olvido, podrá tu alma trascender. “Pero… no puede ser. No recuerdo haber muerto. Si estaba en medio de un viaje”. “Pronto lo recordarás, hermano, y este viaje es solo, como bien lo intuiste, una ilusión, una que, de hecho, responde a otra cosa inconclusa porque es este un lugar al que siempre quisiste ir, pero nunca pudiste”.

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